miércoles, 27 de junio de 2007

Milicias, futbol y otras miserias.

Existen una serie de eventos cotidianos que nos presentan en forma resumida la realidad nacional.
Son la gota de agua que nos permite conocer la estructura molecular del océano.
El transitar por las arterias anquilosadas de la gran Ciudad de México nos presenta una serie de avatares, reflejos de nuestra absurda realidad.

Dos es estas experiencias me llevaron a intentar escribir esta entrega. Circulando (permítaseme el eufemísmo) por la la Avenida del Paseo de la Reforma, el avance fue interrumpido por una marcha (vaya paradoja), que de inverosimil, ha pasado a formar parte de los paisajes citadinos; algunas decenas de indigenas nudistas (veracruzanos según dicen) de una organización que se autonombra de los 400 Pueblos Indigenas protestaba y centraba sus reclamos en la tenencia de la tierra.
Hubimos quienes aprovechamos la oportunidad y bajamos de nuestros automoviles a descansar y estirarnos. Atrás de mi estaba un taxi, cuyo conductor tambien se bajó y expresó; "Pinches indios, como chingan, que se vayan a su rancho a mostrar sus pinches verguenzas". Ante lo escuchado y con encendida curiosidad voltee y me encontré con su mirada, cosa que aprovechó para darle destino a sus pensamientos, en busca de complicidad: "A estos cabrones hay que aplicarles la ley, como a los oaxacos o a los atencos, ya ve como los pusieron a los cabrones. Hay que ponerlos en su lugar, ahora que sí hay presidente y autoridad. Con una madriza verá que no nos vuelven a chingar con jodidas protestas". "Pinches indios, que se chinguen!"

-Mejor que les apliquen la ley solucionandoles sus problemas ¿no cree?-
dije sorprendido por inmiscuirme en esa absurda charla.
Por fortuna, antes de cualquier réplica, la circulación vovlvió a avanzar, obligándonos a regresar a nuestros autos.
Lo sucedido me dejó meditabundo, ¿Por qué una parte importante de los ménos favorecidos, incluso miserables, encuentran en el autoritarísmo una señal de buen gobierno? Sobre todo cuando son ellos los primeros danmificados de las políticas conservadoras, antidemocraticas y represoras. ¿Será mera ignorancia o será que saben perfectamente que ya no tienen mucho más que perder?
Tanto daño hizo el "gobierno democrático" de Vicente Fox que en el inconciente colectivo nacional permea la indiferencia sustentada en el hecho de que al final de cuentas todos son igual de tranzas.


La mañana de hoy ocurrió la segunda experiencia; en la lateral de Río Curubusco, antes de llegar a la avenida México- Coyoacán, una camioneta de carga irrumpió en nuestro carril, obviamente sin la menor señal de aviso y carente de cualquier vestigio de educación víal. En la parte posterior tenía rotulados tres letreros significativos, de arriba a abajo: "Ladren Perros Malditos", "Abranse que voy armado" y como si fuera la rúbrica; "El Ratón". Todo un monumento a la ilegalidad y a la impunidad.

Al llegar a la esquina, pretendió pasarse el alto, pero fue alcanzado y embestido por camión materialista que prácticamente lo partió en dos; en la parte trasera de la caja de volteo del camión se leía la siguiente leyenda: "El Jefe de Jefes", en clara alusión al narcocorrido de los fabulosos Northern Tigers (mejor conocidos al sur del Río Bravo como Los Tigres del Norte). Sin duda un reflejo de lo que en apariencia es la tan "cacareada" (perdonen el amlosísmo) lucha contra la delincuencia organizada. Queda en el ambiente la premisa aquella; no hay peor lucha que la que se hace a ciegas.


http://www.youtube.com/watch?v=A8_IRTlEzJg
El daño del llamado tejido social es tan doloroso, agravado por la irrupción ilegal al poder de Felipe Calderón, que el pueblo necesita cada vez mayores cantidades de opio para calmar el dolor. Y los anestésicos son administradas desde el poder con una dósis diaria de temor; Futbol y Nota Roja.
Así en tanto el estado se vanagloria de soltar al ejército en actividades propias de la policia; y se lleva a cabo el macabro conteo de ejecutados y desaparecidos; se le vuelve a vender al pueblo ilusiones futboleras.
En tanto el gobierno aprovecha la situación para acotar cada vez más los derechos humanos, para implantar de facto un estado de excepción, donde no hay distingo entre delincuentes y adversarios políticos. Se aprovecha el estado de duelo de media sociedad, y el estado de júbilo de la otra mitad para promover reformas que solventen lo mediato en detrimento de lo importante.
El gobierno, como en baile de máscaras manipula los organísmos que les son incondicionales para que en nombre de la moral y las buenas costumbres levanten la voz y condenen cualquier avance que signifique la creación de una sociedad más justa, tolerante e inclusiva, como sucede con el clero, la pgr y la cndh, quienes se lanzan contra la legislación del aborto de la murte digna. El coro legal y bondadoso de estos tres "organísmos" puede resumirse en las palabras del taxista: "Pinches indios; ¡que se chinguen!

viernes, 1 de junio de 2007

Lo que el voto no otorga, milicia no presta.

Fue muy significativo el viaje que realizó "Jelipe" Calderón, presidente "electo" en ese entonces a Colombia. Fue a estudiar el modelo colombiano de lucha contra el narcotrafico. Y lo que parecía tan lejano lo logró en cuantos meses. Ha "colombianizado" nuestra república.


Y no, ingenuo lector, no es que yo este en contra del combate a ese flagelo social que es el tráfico de estupefacientes (o estúpido-hacientes). No, estoy en contra de dos cosas que me parecen básicas; primera, enfrentar al narco sin una estrategia perfectamente definida y expuesta a la sociedad y, lanzar al ejército en acciones propias de la policia, de antemano se reconocen las escasas posibilidades de éxito de éste operativo contra la delincuencia, pero se asegura el éxito del cerco y control de los adversarios políticos. Estamos en estado de guerra de facto, con las consecuencias que el mismo representa, el estado de excepción, donde los Derechos Humanos quedan suspendidos. El ejercito ha sido entrenado para actuar, los militares solamente saben obedecer ordenes en dos aspectos; cuando son empleados en labores de ayuda y al rescate a poblaciones en estado de desastre o emergencia, mediante el Plan DN-III. El otro aspecto de su preparación es para enfrentar y destruir enemigos. El ejercito carece de preparación para ejercer sus acciones en base a los protocolos jurídicos que significan el estado de derecho.

Al carecer de estrategias de lucha, el gobierno "presuntamente fraudulento" y por lo tanto ilegitimo de Jelipillo, no cuenta con un análisis previo de los estratos de gobierno que ha permeado el narco; no tiene un mapa real de las comunidades donde no existe división entre ciudadania y narcotrafico, ya que e gobierno y narcotrafico son la misma persona. El combate al narco no puede hacerse con el uso exclusivo de la fuerza mlitar.


Existen muchas comunidades, de la montaña, y sobre todo de la costa del Pacífico que han subsistido gracias a la acción del narcotrafico; comunidades que anteriormente fueron olvidadas por el gobierno, cualquiera que haya sido la orientación política de este. Comunidades dónde los campesinos jamás obtuvieron una prestación gubernamental, nunca fueron sujetos de crédito por parte de "impoluto" sistema bancario mexicano. Los dineros y las mejoras en su calidad de vida las han obtenido exclusivamente del narcotrafico. Ha sido esta actividad la que los ha dotado de vías de comunicación, de obra urbana, y les ha ofrecido un ingreso mejor, aunque todo se haga a partir de una actividad dañina e ilícita.

El gobierno anterior, el foxista se caracterizó por abandonar espacios de poder, los cuales inmediatamente fueron ocupados por un sin número de intereses, entre los que se destacan dos; el narcotrafico y el capital, en ese orden. En este escenario, pareciera que la cacareada lucha contra el narco es lo mismo que pegarle irresponsablemente al avispero y ante la furia del panal, gritar exigiendo el auxilio de la comunidad.

México no requiere de mártires o de héroes, lo que se requiere urgentemente es un modelo democrático que sanje el divorcio existente entre sociedad y gobierno, dónde el ciudadano común y silvestre ve en el gobierno a un enemigo natural. Urge, antes de enfrentar a esos flagelos sociales, cicatrizar el tejido social que fue duramente herido en el pasado proceso electoral.


Urge una verdadera Reforma del Estado, que produzca un gobierno legitimado en el voto popular, en un proceso electoral sano, incluyente y equitativo. Un proceso electoral manejado por ciudadanos devenidos en autoridades electorales que no antepongan excusas o argucias legaloides en hechos violatorios de la norma juridica. Un gobierno que por mucho o poco margen gane una elección, no un gobierno que compre al Estado y a los medios para hacerse del poder.

Debemos entender los mexicanos que la ley nos iguala a todos y que de la misma forma debe aplicarse en igualdad de circunstancias a todos.

Posterior al titubeante incio de esta lucha contra el narco, se escucha a Fecal solicitar la unidad de todos los ciudadanos, ya que la guerra no es unicamente del gobierno. ¿Con que calidad moral puede el "presidente" solicitar tal pedimento a la sociedad, cuando por lo menos a la mitad de la ciudadanía que acudimos a ejercer el dercho del voto, nos sentimos ofendidos y robados en dicho ejercicio. Y cuando le pedimos que que legitimara su "triunfo" en el recuento, simplemente calló, negándose a tal hecho.

Con que autoridad moral nos llama a la unidad nacional, cuando los órganos que calificaron su "elección", al transcurso del tiempo demuestran que actuaron ilegal e injustamente.


Con los días Calderón parece un hombrecillo extravido en los laberintos del poder, con una soledad tan concurrida y exigente de pagos y cuotas; lo que lo vuelve un ser peligroso para la sociedad.

Se aprovechan las circunstancias para dejar claro la reimplantación de una importante premisa, antes revolucionaria institucional, ahora "democrata" blanquiazul; en este país quién manda es el Señor Presidente; la única realidad válida es la del poder. Se aprovecha de esta "lucha contra el narco" para establecer un poder cuasi dictatorial, y un mensaje a quienes piensen diferent; la lucha se aleja de las urnas, solamente quedará el cmpo de batalla, dónde el ejército obedece a quién le paga, bajo la falsa premisa de la salvagurada de las "instituciones democráticas".

Para el análisis:

Entonces, ¿qué debería hacer Calderón? Primero que nada, combatir duramente la violencia, esté relacionada con las drogas o no -sin preocuparse tanto por el tráfico en sí mismo. Eso requiere pensar estratégicamente acerca de los modos de hacer cumplir las disposiciones relativas a las drogas, y encaminar sus esfuerzos contra los criminales más violentos y sus organizaciones, aun si esto implica promover soluciones no violentas para resolver conflictos entre los traficantes. El desafío es el control del vicio, sea en una entidad o a escala nacional.
En segundo lugar, hay que aprender de los europeos, los canadienses y otros que lidian con el abuso de las drogas primordialmente como un problema de salud pública y no tanto como un problema de justicia criminal. El uso ilícito de drogas, el VIH/sida y la hepatitis se esparcen por todo México. Las políticas de reducción de daños que se enfocan en reducir la muerte, la enfermedad y otros daños ocasionados por las adicciones han resultado eficaces en todo el mundo, incluida América Latina. Si se quiere asumir un modelo de lo que no hay que hacer, miremos al norte.
Tercero, Calderón tendría que pensar este problema no como político, sino como conservador y economista. Lástima que el famoso economista Milton Friedman, que murió hace unos meses, no pueda ya asesorar al nuevo presidente mexicano. Las drogas son malas, le diría, pero la prohibición es peor. Friedman le escribió al zar antidrogas del primer presidente Bush, William Bennett: "Por supuesto que el problema es la demanda, pero no es únicamente la demanda, es la demanda que debe operar a través de canales ilegales y reprimidos. La ilegalidad crea ganancias obscenas que financian las tácticas asesinas de los señores de las drogas; la ilegalidad conduce a la corrupción de los funcionarios que debían hacer cumplir la ley; la ilegalidad monopoliza los esfuerzos de las fuerzas honestas de la ley, de tal suerte que se ven privadas de los recursos para combatir crímenes más simples como el robo, el hurto y el asalto. Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte dicha tragedia en un desastre para la sociedad, para los usuarios y los no usuarios por igual. Nuestra experiencia con la prohibición de las drogas es una repetición de nuestra experiencia con la prohibición de las bebidas alcohólicas".



Ethan Nadelmann es director ejecutivo de Drug Policy Alliance http://www.drug.policy.org/ y es coautor de Policing the globe: criminalization and crime control in international relations.
Traducción: Ramón Vera Herrera (La Jornada; jueves 8 de marzo de 2007)